Larga vida al Dios Roger

 

¿El mejor drive de la historia?

Por enésima vez, como si de callar a sus detractores se tratara, Roger Federer volvió a hacerlo. A los 33 años y con dos pares de gemelos (un distinto en todos los aspectos), el suizo multicampeón se dio el gusto de festejar el título número 80 de su holgada carrera como profesional, nada menos que en un Masters 1000. En Cincinnati, “el expresso suizo” apretó el acelerador en el momento justo y derrotó una vez más a David Ferrer, su rival de turno el domingo. “Quizás le gane alguna vez en el circuito de veteranos”, exclamó entre risas “Ferru” tras perder una vez más ante el helvético (H2H 0-16).

Pero no solo nacieron sus hijos en 2014. La temporada incluyó varios cambios significativos para intentar, una vez más, volver a ser protagonista y candidato cada semana. Brisbane fue el punto de partida de sus “cambios”. Desde el 2000 que no disputaba ese certamen (ex Adelaida), al cual cambió por Doha. Y precisamente en Brisbane comenzó a utilizar un prototipo de raqueta muy distinta a la que lo acompañó durante casi toda su carrera. Color negro opaco, aro 98 en vez del aro 90 anterior, similar balance y peso y mismo patrón de cuerdas (16×19), Roger Federer, como en Gstaad y Hamburgo 2013 cuando probó pero lo abandonó por falta de adaptación, dejó atrás el arma que tantas alegrías le dio, pero que su juego (y edad) le exigían un cambio si quería seguir en la elite. A todo eso le sumó a Stefan Edberg como “head coach”, una apuesta fuerte para “volver a ser”.
Puño apretado, victoria consumada
Y los cambios se notaron rápidamente. Dueño de un físico privilegiado que no decanta los 33 años que dice su documento que ineludiblemente, por el paso del tiempo, no es el mismo, empezó a cambiar su táctica dentro de la cancha para suplir las pequeñas diferencias de la edad. Más atención a su servicio, más idas a la red para cerrar los puntos antes, voleas más simples, puntos más cortos y la intención de ser más agresivo siempre que se pueda. Como todo cambio, los resultados positivos no llegan de un día para el otro, pero las buenas sensaciones se notaron desde los primeros torneos del año. Final en Brisbane (Hewitt) y semifinal en el Australian Open (Nadal) prometían un 2014 auspicioso, teniendo en cuenta la floja temporada 2013 en comparación con su historia.
La decisión a último momento de disputar la primera ronda de Copa Davis para ayudar a su equipo a derrotar a Serbia (sin Djokovic), fortaleció su confianza. Semanas más tarde, en Dubai, brilló ante Novak en semifinales y cumplió en la final ante BerdychRoger volvía a levantar un ATP 500, algo que no hacía desde Dubai 2012. La siguiente parada fue Indian Wells y perdió ante Djokovic en la final, 7/6 en el tercero. La moneda cayó del lado del serbio pero Federer demostró que la versión 2013 había quedado atrás. Una vez más la Copa Davis inyectó de confianza a “RF”. La victoria ante Kazajistán, serie en la que aportó dos puntos, derivó luego en otra final de Masters 1000, pero sobre arcilla, en Monte Carlo. Otra victoria ante Djokovic en semifinales no bastó para poder derrotar a Wawrinka, que se llevó el título en Mónaco.
El Top5 de los mejores tiros de Cincinnati
En el medio de todo eso, nacieron Leo y Lenny Federer, por lo que Roger se bajó deMadrid y volvió en Roma, aunque perdería en primera ronda (Nishikori). Los octavos de final ante Gulbis en Roland Garros marcaron que la arcilla había terminado para Federer y que el césped entraba en acción. Campeón en Halle por séptima vez y finalista en Wimbledon por novena vez. Federer volvía a ser Federer. Distinto pero a la vez el mismo. Pequeños cambios hicieron que siga la senda de la victoria, para el deleite de sus seguidores, la admiración de los conocedores y la frustración de sus rivales.
La gira norteamericana de cemento dio inicio y Federer no la desaprovechó. La final en Toronto perdida ante Tsonga no machacó la confianza de Roger que a pesar de perder la quinta definición del año y a punto de borrarse de Cincinnati por cansancio acumulado, en Ohio, pudo levantar un Masters 1000. Estados Unidos vio como Federer quebró esa racha negativa de dos años sin ganar un trofeo de esta categoría. Tres Top10 en el camino y destellos de su interminable calidad, fueron suficientes para coronarse en Cincinnati por sexta vez.
David Ferrer fue el finalista, el incansable español que también supera los 30 años (32) y da que hablar en el circuito. Número seis del mundo (5° tras la final perdida), David alcanzó su 45° final ATP (21-24), la tercera del año (1-2) y la séptima de Masters 1000 (1-6) en su carrera, al menos una por año desde 2010. Finalista del Masters 2007 y Roland Garros 2013, Ferrer es otro jugador que cambió por el paso del tiempo. A su privilegiadas piernas y su garra, le aumentó la velocidad a su drive e intenta ser más agresivo, porque a pesar de ser consciente de tener una defensa formidable, a los 32 años, no se gana solo con eso. El físico te pasa factura y los puntos deben acortarse si se quiere mantener en el Top10. Y Ferrer no está ajeno a eso. Cambiar es aceptar la realidad. Cambiar también es evolucionar.
Dos ejemplos del deporte blanco, en las victorias y derrotas
Ocho finales ATP (3-5), cuatro de Masters 1000 (1-3) y 49 partidos ganados (líder). No lo convierten en el mejor jugador de la temporada solo porque Djokovic le impidió coronarse en Wimbledon. Cincinnati fue el título 80 de Roger Federer, si, 80… Atrás quedó McEnroe (77). Lendl (94) y Connors (109) solo tienen el privilegio de, por ahora, haber ganado más títulos que él. 121 finales ATP, otra marca que aumentó, detrás de Connors (163) y Lendl (146), el mismo Top3. Este Masters 1000 significó el número 22 en su cuenta personal en 38 finales de esta categoría, solo superado por Rafael Nadal (27). Además, agregó Cincinnati a su lista de torneos que obtuvo seis o más veces junto a Wimbledon (7), Halle (7), Dubai (6), el Masters (6) y Cincinnati (6). Números que asustan y no dejan de sorprender.
Es verdad, esta versión de Federer sufre más de la cuenta, se fastidia, no gana con la facilidad como lo hacía antaño, pero gana. Los años no llegan solos, el tiempo, como dicen en la radio, es tirano, solo hay que saber administrarlo y utilizarlo de la mejor manera posible. Y quien mejor que él, un artesano del calendario que selecciona los torneos a participar y sus descansos artesanalmente, para rendir al 100% en cada lugar al que va y cuidar su físico, más aun hoy a sus 33 jóvenes años. Larga vida al Dios Roger… y que dure lo que tenga que durar. Mientras tanto, disfrutemos, que nada en la vida es eterno.
Daniel Vitale Pizarro
FUENTE: Blog Otra Doble Falta

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