Rafael Nadal, una fortaleza mental única

Ayer se disputaban los octavos de final de la Rodgers Cup que está teniendo lugar estos días en Montreal. Rafael Nadal afrontaba la jornada como el único español en liza y con un rival peligroso enfrente, el polaco Jerzy Janowicz, actual número 18 del ranking ATP y uno de los cañoneros del circuito.

Era la primera piedra de toque importante para el español después de la inactividad desde la derrota en Wimbledon ante el belga Darcis y una buena oportunidad para refrendar las buenas sensaciones ofrecidas en su debut en el Masters 1000 de Montreal ante Levine.

Rafael Nadal

Rafael Nadal en el encuentro frente a Janowicz. Fuente: Reuters

Este partido sirvió, una vez más, para demostrar que Nadal es un espécimen único con una fortaleza mental extraordinaria, algo que lo hace especial y distinto al resto, una virtud que, a lo largo de su carrera deportiva, le ha llevado a conseguir los mayores éxitos.

Cuando te enfrentas a un sacador como Janowicz, sabes que mantener la concentración a lo largo de todo el partido será fundamental para aspirar a la victoria. Si al poderoso servicio del joven polaco le añadimos que es un jugador completo, que puede ponerte dificultades al resto, y ágil, a pesar de su gran envergadura, nos encontramos con que el partido se va a decidir por detalles, en un par de puntos.

Y así fue en el encuentro de ayer. El primer set transcurrió según lo esperado, con un Rafa haciéndose fuerte con su servicio y sin dar opciones al resto a un Janowicz que sumaba juegos a base de cañonazos. El de Manacor, consiguió colocarse 5-4 y disponer de 3 bolas de set al resto, pero su rival las neutralizo demostrando que está llamado a copar las posiciones más altas del tenis mundial.

El polaco salvó la delicada situación y se vino arriba, rompió el saque del español y se dispuso a cerrar al servicio. Pero aquí es donde aparecen los que están hechos de otra pasta. Cualquier otro mortal se hubiera venido abajo ante tal situación, pero Rafa no es de esos. Peleó, se agarró a la pista y logró aprovechar el mínimo resquicio que ofreció su rival.

El set se fue a la muerte súbita definitiva, y ahí de nuevo tocó remar. Janowicz llegó a estar 5-2 arriba pero de nuevo el mallorquín volteó el marcador para acabar apuntándose el tie break por 8-6 con una volea felina en la red.

Parecía que el gigante polaco (2, 04 m) se vendría abajo tras dejar escapar varias oportunidades de cerrar el igualado primer parcial, nada más lejos de la realidad. Se repuso rápidamente y se colocó 3-0 arriba.

Momento de nuevo complicado para Rafa, momentos donde, como los grandes campeones, saca su mejor tenis. El español aguantó las potentes embestidas de su rival, igualó la contienda y agotó mentalmente al polaco. Janowicz se rindió ante la fortaleza de su rival, entregando su servicio en el noveno juego y viendo como Nadal cerraba el partido con su golpe favorito, un ace.

La de ayer fue una más, una prueba más, y ya van unas cuantas, de que Rafael Nadal está hecho de otra pasta. El tenis es un deporte en el que el factor mental adquiere una relevancia primordial. La fortaleza mental en determinados momentos es la que marca la diferencia entre la victoria y la derrota, los campeones y los buenos jugadores, el éxito del fracaso, y, en esos momentos, Rafael Nadal es único.

 

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